Bóveda de crucería de arista. Torres de Quart, Valencia

miércoles, 28 de enero de 2015

Un posible testimonio precoz del uso del trinchante

La siguiente imagen procede de la interesante página de Facebook Iran: Art & Architecture of Persia. 

Se trata de un detalle de un relieve de la escalera oriental de la apadana del palacio de Persépolis. 




Persepolis - Apadana, Eastern Stairway, Tribute Procession, the Ethiopian Delegation, an Ethiopian Tribute Bearer
Procedencia: http://goo.gl/gzAyBB


Nos ha llamado la atención que en el plano del fondo se ve claramente la huella de un trinchante o escoda dentada. Esta herramienta se utiliza para el acabado de superficies, tanto de paramentos de sillería como de trabajos de molduración de superficies grandes. 


 
Trinchante. Epoca imprecisa. 
Colección del autor de este blog.


Se trata de una herramienta cuyo testimonio más antiguo, un tanto circunstancial, se documenta en Atenas, en una obra del siglo VI a.C. (1)  Será a partir del Imperio romano cuando se constate su uso frecuente en la sillería y en la definición de superficies capaces previas a la decoración y escultura. Con la desaparición de la civilización romana, su uso también desaparece casi por completo, siendo recuperado en Borgoña hacia el siglo XII y difundido a partir de allí durante el resto de la Edad Media y la Edad Moderna (2). 

La presencia en Irán, en la apadana de Persépolis construida durante el reinado de Jerjes I  (485-465 a.C.) es, pues, una sorpresa. Si no se trata de un retallado de época muy posterior -como medio mecánico de limpieza de la superficie- , estas huellas demostrarían la temprana difusión del trinchante en el Medio Oriente durante la segunda mitad del siglo V. a. C. 

Un examen comparativo de las pátinas superficiales entre las zonas trabajadas con el trinchante y las del resto del relieve ayudaría sin duda a dilucidar esta cuestión. 


Notas
(1) Se trataría de una huella en una cara no visible de un sillar del antiguo Olimpeion. V. J.C. Bessac, L'outillage traditionnelle du tailleur de pierre de l'Antiquité à nos jours, CNRS, Paris, 1987, pp.66 y s. 

(2) BESSAC, Ibidem. Nosotros hemos supuesto que su introducción en la Península Ibérica se debe a los talleres cistercienses, durante el último tercio del siglo XII. V. R DE LA TORRE, "Técnicas preindustriales de la talla en piedra", en Los retablos: Técnicas, materiales y procedimientos, Grupo Español del IIC, 2006, pág..6 y ref. bibliográfica.

jueves, 14 de marzo de 2013

Uniones de sillares mediante ensambles de plomo



En el inexcusable manual de J.P. Adam, La construcción romana se proporciona un resumen del empleo de ensambles entre juntas de grandes sillares en obras de la Antigüedad. Indica que, aunque no son necesarios en una fábrica –de opus quadratum- bien construida, su uso de debe a prevenir eventuales separaciones de los bloques a causa de asientos diferenciales o sacudidas sísmicas (1).  Entre los diversos tipos enumerados, hay uno que llama la atención, porque se trata de un material dúctil y no rígido como la madera dura, el hierro o el bronce: los ensambles en cola de milano realizados en plomo. No se trata del emplomado de una grapa o un ensamble de unión entre juntas realizado con un material más rígido, sino con piezas completamente realizadas en plomo (2). 




Ensambles en cola de milano entre sillares
(Ps. Juanelo Turriano, Los veinte y un libros de ingenios, Madrid, Biblioteca Nacional, mss. 3376. fol. 370)


Las obras de restauración del arco romano de Medinaceli (2003-2005), al que ya hemos dedicado otras entradas de este blog, nos permitieron examinar algunos ejemplos del sistema citado.


El plano superior del ático del arco, formado por las grandes piezas de la cornisa, presenta las muescas correspondientes este tipo de ensambles. En la actualidad estas cajas están separadas entre sí y no forman en todos los casos una doble cola de milano: está documentado que en una intervención anterior, en los años 60 del siglo XX, se separaron y realinearon varios bloques de la fachada norte porque el estado de gran deterioro de la cornisa de este lado, provocaba la acumulación de agua en los sillares del ático. Fue en este momento cuando desaparecieron los ensambles que, por comunicación verbal de un trabajador de aquella obra, sabemos que eran de plomo (3).




Durante las obras citadas, el deterioro de algunos sillares permitió examinar el lecho de otros cuyas juntas se hallaban ensambladas con este tipo de piezas que todavía permanecen in situ.  
 
El procedimiento que describe Adam indica que el ensamble se fabricaba vertiendo plomo fundido en un molde que luego era  martilleado en frío sobre la caja practicada entre las dos piedras para su perfecta adhesión (2). Sin embargo, esta pieza muestra que el ensamble se hizo rellenando directamente la caja con plomo fundido. Una de las causas puede ser que la piedra utilizada aquí e suna arcosa de poca dureza, y martillear el plomo sobre el hueco de la caja hubiera supuesto el deterioro de ésta.  



El arco romano de Medinaceli posee también otro tipo de anclajes, realizados con piezas de hierro. El saneado de las juntas de los paramentos laterales, en muchos casos fuertemente arenizadas, dejó momentáneamente a la vista parte de algunos anclajes férreos, fijados a las piedras mediante coladas parciales o totales de plomo. Todas estas variedades se hallan descritas en la obra de referencia citada.



Cuerpo de una grapa de hierro entre dos sillares. 35 x 35 mm. sección, aproximadamente


Colada de plomo que fue moldeada por un hueco entre los planos de junta entre dos sillares: La separación actual de éstos se debe a la disgregación del material pétreo.



(1)    J.P. ADAM, La construction romaine romana. Matériaux et techniques, Picard, Paris, 1989. ( Hay traducción española: La construcción romana, Editorial de los Oficios, León, 2002 )
(2)    Op. Cit. p. 57.
(3)    Nuestro informador añade que con el producto de la venta del plomo los trabajadores se pagaron una merienda.

viernes, 1 de marzo de 2013

Una referencia metrológica románica


 La Catedral de San Pedro de Jaca es universalmente conocida como una de las primeras joyas de la arquitectura y escultura románicas. La ausencia de documentación fíable ha motivado una larga polémica sobre la cronología de las obras. En la actualidad hay cierto consenso en considerar que la construcción de la estructuras principales abarcan desde 1077, fecha en la que el rey Sancho Ramírez de Aragón refunda la vieja ciudad de Jaca, hasta 1130, en un momento en el que el centro político del reino ya se había desplazado a Huesca.

En este post nos vamos a centrar en un detalle de uno de los capiteles que flanquean la portada del atrio occidental o Lonja mayor, en concreto el exterior por el lado izquierdo. En varias publicaciones se ha supuesto que se trata de una escena de naturaleza simbólica o religiosa. Nosotros reivindicamos hace unos años para esta pieza la categoría de ser una  representación de “escena de construcción”, tema frecuente y conocido en el arte medieval (1).

Así, según esta lectura, la cara occidental, que mira hacia el exterior, representaría al maestro de obras, identificable por su vara de medir, departiendo con el aparejador.

 

En la cara meridional dos obreros transportan a mano un sillar, mientras que hay otros dos personajes de más difícil reconocimiento en la cara oriental, pegada al muro, uno de los cuales está arrodillado en la esquina y el otro es completamente invisible para el espectador. 


(Fotografías tomadas durante los trabajos de restauración, 2009)


De forma general esta obra se atribuye a un escultor anónimo de fuerte personalidad cuyo apodo para la historiografía va cambiando con el tiempo (“Maestro de Jaca”, Maestro de Jaca-Frómista”, Maestro de la Orestiada” … ), y que dejó su importante labor artística en varios edificios a lo largo del camino de Santiago y –al menos- en los dos últimos decenios del siglo XI.

Aquí planteamos la hipótesis de que la vara que lleva el maestro de obras en la mano sea la representación directa de un patrón metrológico. No queremos decir que sea el propio patrón, porque en su ubicación no es fácilmente verificable, sino que en el diseño de la pìeza su longitud no se dejó al albur del escultor y representa una medida determinada.


La justificación es la siguiente:

La longitud máxima entre los lados cortos opuestos (2) es de  0,1625m.
Esta medida equivale a la mitad del conocido patrón francés como pied de roi “ancien” con una mengua de 0,005%. [0,326592 : 2 = 0,16329 m.] Es evidente que si la vara del maestro de Jaca no es un “medio pie de rey”  mide casi exactamente lo mismo que éste.


¿Qué conclusiones podemos de este dato?

El “pie de rey”, es una medida de amplio uso en Francia antes del SI. Es, por lo tanto, plausible, que el medio pie (sesma, o sexta) de esta vara esté relacionado con talleres del otro lado de los Pirineos, pero cabría la posibilidad de que un pie de esta longitud hubiera llegado desde la Antigüedad hasta este capitel por otras vías, puesto que es una unidad que deriva en último término de las antiguas medidas griegas y próximo-orientales.

Nuestras propias observaciones nos permiten afirmar que un módulo de alrededor de 0,325 m. es una medida común en muchos edificios románicos del entorno del Camino de Santiago. Pero estas mismas observaciones también nos hacen constatar que es frecuente cierta multiplicidad metrológica dentro de un mismo edificio e incluso de una misma época. Debe recordarse que los intentos de sistematización no se producirán en los reinos ibéricos hasta bien entrado el siglo XIII (reinados de Jaime I y de Alfonso X) Hasta entonces, los más viejos edificios románicos dan la impresión de que se han construido con medidas dispares según las tradiciones locales, la procedencia del taller o el maestro de cada campaña.

Por poner un ejemplo dentro de la misma obra, las alturas de la impostas de esta misma portada de Jaca tienen hasta 3 medidas diferentes, de las que sólo una coincide con la sesma de la vara de este capitel.
    
Y sobre la portada hay un portillo que comunica con la escalera interior que discurre intramuros. Se trata de una obra, por lo tanto, correspondiente con un momento constructivo ligeramente posterior. 



La Lonja Mayor antes de la intervención. 


El vano mide aproximadamente 1,475 x 0, 890 m. lo que equivale a unas dimensiones de 5 x 3 pies, pero de un módulo en torno a 0,296 m. Es decir, se trata del conocido pie romano.


Notas 
(1)  Rodrigo de la Torre, “Aspectos metrológicos en el románico”, en Románico, 8, Asociación de Amigos del Románico, 2009, p.62.
(2) Medido desde las atacaduras de la superficie, que es donde se realizó el dibujo, pues la talla ligeramente biselada hace que el objeto sea más largo según se profundiza el relieve.

lunes, 25 de febrero de 2013

Una experiencia con hormigón romano


http://2.bp.blogspot.com/_CCmNHIDBUO8/TT_lZoQLLUI/AAAAAAAAAIQ/p9P4ps3P4qI/s1600/arm000.jpg


En el transcurso de la Fase I de la restauración del arco romano de Medinaceli (Soria), durante 2003, se puso de manifiesto el precario estado de conservación del monumento, en particular en su zona inferior. Objeto de numerosas intervenciones durante el siglo XX, el aspecto de sus paramentos ocultaba sin embargo una fuerte alteración de los materiales originales.  Una parte del deterioro consistía en la sustracción de elementos estructurales, concentrados en el basamento del soporte occidental y las jambas del correspondiente arco menor de este lado. En el transcurso de los trabajos de restauración se reintegraron con elementos similares a los originales. lo que incluyó la reintegración puntual de la zapata, trabajo que se realizó con un opus caementicium.  

Contexto
El arco romano de Medinaceli se data en el siglo II d.C. Varias campañas arqueológicas han puesto de manifiesto que no se trataba sólo de una construcción honorífica, sino que estaba integrado en un lienzo de muralla romana anterior, por lo que tuvo también función como puerta de la ciudad de Ocilis. Su presencia se interpreta como un ennoblecimiento de la cerca, quizá con motivo del reconocimiento de esta población con el estatus de municipio. Hay evidencias de una transformación de la zona superior con elementos defensivos en épocas posteriores, asociados a la muralla medieval construida sobre la romana. El arco tuvo tapiados sus vanos laterales hasta 1869, y se documenta en esa época su uso como vivienda y cobertizo. Fue declarado Monumento Nacional en 1930. A partir de entonces ha sufrido diversas restauraciones, finalizando la última en 2005. Se trata de una construcción de cantería con piedra arenisca local, de aparejo isódomo colocado a hueso, con abundantes grapas de hierro y plomo en los estribos. Puesto que se erige sobre un terreno muy escarpado –se ha señalado que su ubicación es monumental, para ser visto desde lejos en el fondo del valle- la cimentación se compone de sendas plataformas niveladas, formadas en algunos puntos por la propia roca, en tanto en otros se compone de un banco escalonado de opus caementicium

 http://3.bp.blogspot.com/_CCmNHIDBUO8/TT_lo1Coq3I/AAAAAAAAAIU/WUcwfg-Rr18/s1600/mdn+arqueo+1-5A.JPG

Cimentación del arco bajo el basamento Este. 
Fotografía procedente de la excavación arqueológica de 1991

Sobre esta plataforma se levanta un zócalo de arenisca roja que constituye el basamento del arco. Tanto el basamento occidental como las jambas de este lado habían sufrido la pérdida de varios sillares en época indeterminada, habiendo formado un habitáculo en el interior del arco menor cuya finalidad no fue dilucidada. A la hora de plantearse la reintegración, se observó que esta pérdida alcanzaba también a la plataforma bajo el basamento, tanto en el interior del arco como en el costado exterior, correspondiente a la cimentación de la antigua muralla. Se procedió a eliminar por etapas los refuerzos de fábrica de  ladrillo y chapado de piedra de los paramentos –cuyo mortero de cemento era una de las principales causas de deterioro del material original- , y a vaciar los suelos de los rellenos procedentes de otras obras de restauración. Una vez retirados se realizó un seguimiento arqueológico del vaciado hasta dejar a la vista la cimentación original. 




http://4.bp.blogspot.com/_CCmNHIDBUO8/TT_ojdBt5-I/AAAAAAAAAIo/lNk_SHgCVbc/s1600/ca2+001.jpghttp://1.bp.blogspot.com/_CCmNHIDBUO8/TT_ofCyi31I/AAAAAAAAAIg/ONU0MoS-VwQ/s1600/arm002.jpg


 http://1.bp.blogspot.com/_CCmNHIDBUO8/TT_ogtUZolI/AAAAAAAAAIk/nCHFCJDGXew/s1600/arm004.jpg

Discusión de criterios y toma de decisiones

Debido a que se contemplaba la recuperación del basamento con una fábrica semejante a la original (grandes ortostratos de arenisca colocados a hueso) era necesario el macizado de los huecos de la cimentación. En 1984 se realizó un recalce de la esquina NW mediante un batache de hormigón y se recompuso la hilada del basamento por el lado norte con grandes sillares de caliza. La solución más sencilla parecía ser rellenar igualmente con hormigón convencional los huecos, disponiendo de una lámina de plomo entre la cimentación y los sillares del basamento para evitar que ascendiera la humedad y el aporte de sales asociado a la misma. Pero esta zona, a causa de su cota inferior a la de la calle, se caracterizaba por tener una elevada humedad procedente de las escorrentías del pavimento de la calle y del terreno bajo él. Por otro lado, la analítica de los materiales indicaba la presencia de sales asociadas al cemento Portland como una de las principales causas de alteración. Esta situación hizo plantearse sustituir el hormigón convencional por otro que fuera más inocuo desde el punto de vista químico y se planteó la realización de un opus caementicium nuevo.

http://3.bp.blogspot.com/_CCmNHIDBUO8/TT_o-mMf0sI/AAAAAAAAAIs/DDm-G7Huv20/s1600/arm005.jpg


A tal efecto se estudió la composición teórica del mismo, según indica Vitrubio y su correspondencia con el opus original (En aquel momento nos resultó muy útil la consulta del estudio de F. Davidovits. Ver  infra)  Se evaluó también, consultando estudios especializados, el grado de alteración química que podía aportar la presencia de materiales como la puzolana natural o la chamota (ladrillo machacado) que son los responsables de que un mortero de cal adquiera propiedades hidráulicas. Por último se realizaron varias probetas para ensayar la capacidad del nuevo material que se quería utilizar. Las muestras se hicieron probetas con mortero (sin canto o árido grueso) de cal grasa cuyo apagado y mantenimiento fue controlado en la obra y variando las proporciones de los siguientes componentes: arena de mina (procedente de Almazán), chamota (residuos de cocción de ladrillo procedentes de la tejera artesanal de Eliseo Corredor en Tardelcuende) y polvo de puzolana natural (suministrado por la empresa CTS). Ha de tenerse en cuenta que los materiales puzolánicos no son meras cargas (áridos) sino que tienen una capacidad aglomerante derivada de su composición: producen un proceso inicial de silicatación y aluminización del calcio de la cal que es lo que confiere una mayor dureza inicial tras el fraguado. Las probetas realizadas con mortero de cal sin aditivos se desecharon ya que –como demuestra la experiencia cotidiana- su resistencia inicial tras el fraguado es muy baja, incluso si se añade un 5% de cemento blanco (BL II/42,5 R) como endurecedor y acelerante. La velocidad del fraguado en las otras muestras se vio también que era muy baja, por lo que se optó por realizar nuevas probetas con adición del mismo porcentaje de cemento blanco. El ensayo de estas probetas (según norma UNE180101) a 28 días indicó los siguientes valores: 

http://2.bp.blogspot.com/_CCmNHIDBUO8/TT_mLhux47I/AAAAAAAAAIY/ecnw78ALCnU/s1600/arm006b.jpghttp://4.bp.blogspot.com/_CCmNHIDBUO8/TT_mO_WRnEI/AAAAAAAAAIc/1FLC9ZwGJGA/s1600/arm007.jpg

















Resistencia a compresión del mortero con ladrillo machacado: Rc = 22,94 Kg/cm2
Resistencia a compresión del mortero con puzolana: Rc = 99,97 Kg/cm2


Recordemos a título de comparación los siguientes valores:

Resistencia a compresión del mortero de cal y arena (1:3); Rc = 9,18 Kg/cm2
Resistencia a compresión del mortero bastardo (1:4:10);  Rc = 28,56 Kg/cm2
Resistencia a compresión de un mortero convencional de albañilería (tipo M5) fabricado con cemento Portland (tipo CEM I/II);  Rc = 51 Kg/cm2
(Datos extraídos del estudio de F.J. Alejandre y de la normativa vigente)


A la vista de estos resultados la elección fue clara. Un mortero de cal con puzolana se presentaba como una buena alternativa para evitar el uso de cemento Portland.

Haciendo esta retrospectiva es de lamentar no haber podido profundizar algo más en las características de este tipo de morteros. La presencia de polvo cerámico en los morteros y hormigones romanos es muy frecuente como sustituto del material puzolánico natural, pero en nuestro ensayo dio unos resultados muy bajos comparados con éste.  En particular hubiera sido interesante haber podido cuantificar hasta qué punto la resistencia del mortero con aditivo cerámico dependía de la adición del cemento blanco o de los procesos derivados de la silicatación de la mezcla. Obsérvese que la cantidad de cemento blanco de las probetas es un 50% inferior a la empleada en un mortero bastardo convencional, mientras que sus resultados se aproximan.


Desarrollo de los trabajos

La realización de este trabajo no revistió ninguna complejidad especial. El examen del opus original mostraba una ausencia de huecos en la masa del hormigón, y una gran diversidad en el tamaño de los cantos, repartidos de manera uniforme. Esto indicaba que el hormigón no se había amasado de una vez, sino que se había realizado por un lado el mortero, que se había vertido por tongadas y cuajado con cantos, conforme a las descripciones de los estudios en la materia. Se procedió de manera similar, realizando un mortero de consistencia fluida que se vertió en el cajón que formaba la excavación en camas de aproximadamente 10 cm. y se rellenaron con canto calizo procedente de una cantera próxima. Las piedras se escantillaron hasta conseguir acopios de varios gruesos, y se dispusieron en la masa del mortero progresivamente, comenzando por las mayores y apretándolas contra el fondo con un mazo. La propia rugosidad de cada tongada, una vez finalizada, parecía una excelente superficie de unión con la capa siguiente, en el caso de que no se hubiera ejecutado en el mismo día. 

 http://4.bp.blogspot.com/_CCmNHIDBUO8/TT_pZSf4QPI/AAAAAAAAAIw/jqcGVWrR7xU/s1600/arm008.jpg


 http://2.bp.blogspot.com/_CCmNHIDBUO8/TT_pbAJ0gdI/AAAAAAAAAI0/0OBauFp-X7o/s1600/arm011.jpg



 http://3.bp.blogspot.com/_CCmNHIDBUO8/TT_pbuBdtuI/AAAAAAAAAI4/eja3gWAiHjQ/s1600/arm013.jpg


Del mismo modo se rellenó el hueco de la parte exterior, correspondiente a la cimentación de la muralla, aunque se trata de un elemento que no soporta carga, excepto la de la capa de tierra de la urbanización. Y lo mismo con algún hueco menor, presente entre la roca y el basamento. En estos pequeños espacios se observó que la masa del hormigón así realizada es muy moldeable, y se pude “construir” sin necesidad de hacer un encofrado completo. (Este detalle lo habíamos observado examinando las cisternas del yacimiento de Bilbilis (s. I d.C.), en el que las bóvedas están construidas con un cimbrado interno, pero que han sido modeladas por su intradós, sin necesidad de encofrar los riñones)

http://1.bp.blogspot.com/_CCmNHIDBUO8/TT_qR2O9RtI/AAAAAAAAAI8/uroF4woK61A/s1600/acc+005.jpg

http://3.bp.blogspot.com/_CCmNHIDBUO8/TT_rh6IJkWI/AAAAAAAAAJQ/43cHiyeZwTY/s1600/arm001.jpg

Una vez transcurrido el tiempo de curado se procedió a colocar los grandes sillares del basamento, aislando el sobrelecho del batache de hormigón citado con una lámina de plomo.


http://4.bp.blogspot.com/_CCmNHIDBUO8/TT_q8A_d1HI/AAAAAAAAAJM/b2gYfh6b3RE/s1600/arm014.jpg


 http://4.bp.blogspot.com/_CCmNHIDBUO8/TT_q7Ymqp-I/AAAAAAAAAJI/7fNVF7xS7qI/s1600/arm009.jpg



Ficha técnica de la intervención                              

Denominación
Redacción de proyecto y ejecución de los trabajos de restauración del arco romano de Medinaceli

Promotor y Financiación
Consejería de Cultura y Turismo de la Junta de Castilla y León

http://4.bp.blogspot.com/_CCmNHIDBUO8/TT_q6GgRFNI/AAAAAAAAAJE/lElDEmn0aWY/s1600/261103+002.jpgAño de realización
2003

Dirección de Obra
Francisco Yusta Bustillo, arquitecto
Carlos Sanz Velasco, restaurador

Empresa adjudicataria
UTE Arco de Medinaceli (CORESAL + CAMINOS Y CONSTRUCCIONES CIVILES S.A)

Coordinación de trabajos de cantería y construcción
Rodrigo de la Torre Martín-Romo

Estudios de petrología y analítica
GEA, Asesoría geológica

Arqueología
Arquetipo, Arqueología y restauración



Referencias

La presente entrada se ha realizado a partir de las notas del cuaderno de obra, los informes técnicos elaborados y la memoria redactada por la empresa adjudicataria, cuya consulta nos ha sido facilitada por el Servicio de Cultura de la Delegación Territorial de Soria de la Junta de Castilla y León,  a cuyo arquitecto territorial,  José María Rincón Arche, expresamos nuestro agradecimiento.

Hemos consultado, además, 

Juan Manuel Abascal, Géza Alföldy (editores), El arco romano de Medinaceli (Soria, Hispania Citerior), Real Academia de la Historia/Universidad de Alicante, Madrid, 2002

Jean-Pierre Adam, La construction romaine. Matériaux et techniques, Picard, Paris, 1989

Francisco Javier Alejandre Sánchez, Historia, caracterización y restauración de morteros, Universidad de Sevilla, 2002

Frédéric Davidovits, Les mortiers de pouzzolannes atificielles chez Vitruve. Evolution et  historique architecturale, Geopolymer Institute, 1995






martes, 22 de febrero de 2011

Proezas del transporte (3): un documento cinematográfico

Puede verse en Youtube un documental, realizado en 1936, sobre el transporte del monolito de mármol de Carrara (300 Tm) que se utilizó en el obelisco de Mussolini (hoy del Foro Itálico). 
Está dividido en tres partes: 





Nos parece un documento muy interesante en relación con los problemas técnicos del transporte de grandes cargas en periodos históricos que hemos planteado en posts anteriores.

jueves, 10 de febrero de 2011

SUR Y NORTE, ORIENTE Y OCCIDENTE


Construcción de la Torre de Babel 
(Londres, British Library, Cotton MS. Claudius BIV fol.19r (Old English Hexateuch), ca. 1025-1050)



Kamaluddin Bihzad de Harat. 
Construcción del castillo de Khawarnaq 
(Londres, British Library, Hamza de Nizami, Ms.Or.6810, fol.154v. 1494)




Construcción de la Torre de Babel
(Londres, British Library, Tabiba Tabiban (Himnario etíope) Ms.Or.590 fol.10. Siglo XVIII)

lunes, 24 de enero de 2011

Una herramienta romana para el movimiento de bloques

En la monografía ya clásica de Jean-Pierre Adam sobre construcción romana, se detallan los procesos para la realización de una obra de cantería con sillares de gran formato. Reproducimos un pasaje sobre el que vamos a proponer unos detalles:

“La ubicación exacta del sillar se hacía mediante transporte manual sobre rodillos cuando aquel era de dimensiones modestas,  pero a menudo se realizaba con palancas que requerían el acondicionamiento de unas cavidades llamadas agujeros de pinzas, que aseguraban a la herramienta una superficie de apoyo que permitiera la maniobra. Estos agujeros de pinzas se tallaban en el sobrelecho de los sillares que ya estaban colocados en el momento de la maniobra, y en función de la distancia a recorrer. En efecto, el transporte sobre rodillos desde el punto en que el artefacto de elevación depositara los sillares no permitía el calce, ya que para retirar dichos rodillos convenía disponer de un cierto espacio periférico, razón por la cual se encuentran a veces varios y sucesivos agujeros de pinzas que traducen distintos avances, también sucesivos, mediante una o varias palancas”. 

 (J.P. ADAM, La construcción romana. Materiales y técnicas, p.55. Editorial de los Oficios, León, 2002) 

Este especialista propone varias referencias gráficas, entre las que destacamos un apunte didáctico que reconstruye el procedimiento: 

(Imagen procedente de : J.P. ADAM, La construcción romana. fig. 119)

La descripción es muy precisa aunque el lector tiene que considerar que cuando se habla de “pinzas” [pinces, en la edición original], no se refiere a “pinzas de elevación” sino en este caso  a “palancas” para arrastrar los bloques sobre el sobrelecho ya construido que, en una obra de cantería isódoma, es una superficie continua.

Un ejemplo de este procedimiento de trabajo se encuentra en el arco romano de Medinaceli, datado en los siglos II d.C.  Este arco se construyó reformando un lienzo y una puerta de una muralla anterior, por lo que es de suponer que el talón que forma el basamento oriental estaba integrado con la cimentación de la muralla. Esta zona fue objeto de sendas excavaciónes arqueológicas en 1981 y 1991, volviendo a quedar a la vista durante la reciente restauración (entre 2003 y 2005). En la actualidad está oculta bajo la actual urbanización del entorno del arco realizada en dicha intervención.


Tal como describe Adam, se aprecian una serie de marcas en el sobrelecho, que se corresponden con los “agujeros de pinzas” descritos. De su ubicación alineada se deduce que se realizaron para arrastrar ortostratos de las mismas dimensiones, como se corresponde con el aparejo de los basamentos del arco. Interpretamos la cavidad circular que se percibe en la parte interior de la plataforma como realizada para colocar un pie derecho que formaba parte de algún ingenio de elevación. 



Lo característico de estas huellas es que su forma no es la producida por una palanca de pata lisa. Si bien parece que el agujero preliminar para fijar la herramienta se hizo con un cortafríos, el perfil de los mismos sugiere que la palanca utilizada para empujar los bloques acababa en  un tope dentado, una especie de tridente, seguramente para que el útil quedara mejor fijado al sobrelecho, construido con bloques de arenisca ferruginosa procedente de una cantera local.





Las fotografías fueron realizadas por el autor de este blog durante los trabajos de restauración de la campaña de 2003. 


Referencias y bibliografía suplementaria:

Pequeña ficha de la restauración del arco de Medinaceli (web de Conservarq)

MARINÉ, María;  “Informe de las excavaciones arqueológicas en el arco de Medinaceli. Campaña de 1981”,

LERÍN, Montserrat et alia; “La muralla del arco de Medinaceli: Técnica constructiva, relación y cronología”;

ambos estudios en:
 J.M. ABASCAL y G. ALFÖLDY (Eds.) El arco romano de Medinaceli (Soria, Hispania citerior), Real Academia de la Historia/Universidad de Alicante, Madrid, 2002.


martes, 28 de diciembre de 2010

Proezas del transporte (2): La Prehistoria


La segunda experiencia de Bougon, citada en la entrada anterior, demuestra que cada hombre puede desplazar en un trabajo coordinado más de 1.500 k.

Un caso más reciente, que ha alcanzado una mayor repercusión por la fama del monumento, fue la erección de un trilito de las mismas dimensiones que los que conforman Stonehenge. La experiencia fue organizada por el ingeniero Mark Withby y el arqueólogo Julian Richards en 1997. De forma resumida, la operación supuso en el arrastre y la erección de dos jambas y su dintel correspondiente, réplicas en hormigón de elementos arqueológicos del Stonehenge “verdadero”. El sistema consistió básicamente en el arrastre de los monolitos sobre rodillos de madera (engrasados con sebo para reducir el rozamiento) con sogas de cuerda ( ¡de 145 m. de longitud !) y su erección mediante el basculamiento de la jamba en un hoyo. Para ello debió de construirse una rampa de tierra que finalizaba sobre dicho hoyo, y se asomó al vacío el monolito más de 1/3 de su longitud (es decir, cerca de su punto de equilibrio pero sin llegar a él). El basculamiento del monolito sobre el hoyo se hizo de una forma controlada e ingeniosa: se fue añadiendo peso al extremo de la pieza hasta que éste giró. La piedra quedó entonces dentro de su hueco en la base y apoyada en el terraplén formado por la rampa. Para la colocación en vertical se tiró de su extremo superior a a través de un caballete. Una vez los dos pies erigidos, el dintel se colocó mediante acarreo a través de una rampa de menor pendiente. La carga máxima desplazada fue de 40 Tm (cada una de las dos jambas). Se utilizaron 145 voluntarios en los trabajos. Los directores de la experiencia, extrapolando los datos de la misma afirman que con tal número disponible de trabajadores y con tal tecnología, Stonehenge –en rigor, la parte megalítica del monumento- pudo haberse construido en menos de una generación, unos 20 años. La conclusión de Withby: "I think these Stone Age men were pretty ingenious" (“Pienso que aquellos hombres de la Edad de Piedra eran muy ingeniosos”) nos parece meritoria. ¿Por qué? Aparte de que creíamos que Stonehenge está datado en la Edad del Bronce, porque no hace falta sino observarlo bien para llegar a esta conclusión, sin necesidad de extender kilómetros de cuerda ni remover cientos de metros cúbicos de tierra (o el simulacro equivalente). Otras experiencias posteriores  producidas por la misma cadena de medios audiovisuales (Nova, 2010), sugieren que pudieron utilizarse para el transporte grandes rodamientos de piedra (esferas) deslizados sobre una calzada de madera.
 
Varios documentos gráficos en relación con las experiencias de Stonehenge.

 



Este tipo de experimentos, por interesantes que puedan resultar, no dejan en nuestra opinión la cuestión resuelta. Atendiendo a la regla de las 3 P, vemos que es posible que esta fuera la tecnología empleada, puesto que su aplicación ofrece unos resultados semejantes. Es incluso probable, dado que la interpretación de la técnica se ha realizado basándose en el conocimiento arqueológico de la sociedad que produjo el objeto y a una suposición acerca de sus competencias tecnológicas. Pero no queda probado que fuera éste el sistema. La evidencia sigue siendo la misma: hubo una solución a los problemas de los desplazamientos, pues de otro modo el monumento no habría sido construido. Dicho de manera más simple: el monumento está ahí, luego lo hicieron. Otras soluciones conjeturales, basadas en los mismos principios y a partir de la misma tecnología, serían igualmente probables. Examinando el caso, pienso que se podría mejorar todavía el método, de manera que hicieran falta –por ejemplo- menos operarios para el desplazamiento horizontal de la losa de Bougon. Pero nunca se tendrá la certeza.

Para empezar, la recreación Withby-Richards, a la vista del documental, no puede considerarse arqueológica ni demasiado seria; la abundancia de medios modernos para solventar los problemas de aplicar una tecnología rudimentaria es apabullante. Pero incluso admitiendo que probablemente la técnica de construcción original sea muy similar a la reproducida, debemos de reconocer que el principal problema de la realización de Stonehenge es otro. Los pesos de sus monolitos, aunque grandes, no son extremos: son cargas que los constructores de Bougon desplazaban casi dos mil años atrás. Alguna de las canteras de Stonehenge se localizan en Marlborough, que dista unos 40 km. Semejante distancia recorrida por no uno, sino varias decenas de monolitos, sobre una calzada que tuvo forzosamente que existir y que no ha dejado huellas, (a lo que parece) permite plantearse de que la tecnología fuera todavía más desarrollada y que incluyera unas amplias labores suplementarias de ingeniería (las de caminos) y eventualmente la tracción animal, extremo éste que es negado en general cuando se analiza la tecnología de la Prehistoria. Suponemos que por que no hay evidencias arqueológicas de su uso en el contexto de las construcciones estudiadas. Pero tampoco las hay del empleo de rodillos de madera, cuyo existencia se acepta sin embargo por ser necesarios. O el caballete para acabar de izar el monolito hasta la vertical y que se parece sospechosamente a los representados en los relieves romanos. Actualmente los investigadores creen que los monolitos de bluestone proceden de canteras de Gales alejadas más de 250 km. lo que, en principio, hace descartar la hipótesis de un transporte exclusivamente por vía terrestre. Algunas experiencias realizadas en 2001 se revelaron sumamente dificultosas y un intento de transporte marítimo resultó fallido (ver más abajo). El transporte de una carga con varios embarques y desembarcos a lo largo de una gran distancia implica no sólo la organización de una comunidad, sino de todo un territorio.

En el caso del túmulo de Bougon, anterior en más de un milenio a la parte más antigua de Stonehenge (túmulo de tierra), la información consultada sobre de la reproducción de estas experiencias no nos ofrece propuestas verificables sobre la operación técnicamente más compleja: la colocación de un monolito de 90 Tm. de peso (casi el triple que el de la pieza trasladada en el siglo XX) que forma la cubierta de la cámara del túmulo A, que tiene además pilares exentos interiores. Las otras reconstrucciones llevadas a cabo y que se muestran en el parque arqueológico de Bougon se han ceñido a piedras de bastante menor peso y si pueden resultar instructivas como aproximación general de las técnicas en cuestión, están lejos sin embargo de resolver todas las incógnitas tecnológicas que estas construcciones plantean. 


 
Ejemplo de construcción de un túmulo en el Parque arqueológico de Bougon (Deux-Sèvres, Francia) con piezas cuyo peso mayor no excede de 4,5 Tm.


Lo verdaderamente  interesante sería utilizar la reconstrucción arqueológica en los casos más desfavorable. Por poner un ejemplo, trasladando el mayor monolito de Stonehenge durante 40 km. a través de la campiña de Salisbury, o desplazando hasta su ubicación definitiva las 90 Tm de la mayor losa de Bougon. Añadimos algunas propuestas para revivir las experiencias del pasado:


 
Interior del “Dolmen de la Menga” (Antequera, Málaga). Construcción tumular que se supone realizada en el Calcolítico (aprox. 2.500 a.C.) y una de cuyas losas de cubierta tiene un peso estimado de 180 Tm (es decir, el doble que el mayor monolito de Bougon y más de cinco veces el peso de la experiencia Mohen-Poisonnier).



 El Gran Menhir (Menhir brisé) de Locmariaquer (Morbihan, Bretaña francesa), de 20,6 m. de longitud inicial y 280 Tm. de peso (es decir, en torno a 7 veces el peso de una jamba de Stonehenge). Se data ca. 4700 a.C. 

No hay consenso acerca de si el Gran Menhir fue realmente levantado y después  derribado por un terremoto, o cayó, fracturándose en cinco trozos, en el momento de la erección. Otra hipótesis supone que fue rebajado por la parte inferior para hacerlo caer. El yacimiento de ortogneis más próximo dista 10 km. del emplazamiento. Como de costumbre, tampoco fue la única piedra gigantesca que hizo este viaje. Se ha supuesto para este ejemplo un transporte fluvial, atado a una almadía sumergida gobernada por piraguas (Le Roux). 


 
De nuevo se trata de una hipótesis sin evidencias arqueológicas, pero en consonancia con operaciones similares que se sabe que se realizaron en el Antiguo Egipto para el transporte de cargas notables, como los obeliscos (Se construía en dique seco un barco bajo el monolito que posteriormente era arrastrado por la crecida del Nilo. La diferencia es que los barcos egipcios llevan la carga en la cubierta y en esta propuesta ésta se halla sumergida pero flotante).  (Procedencia de esta imagen.) En 2000 se intentó un experimento basado en una idea similar para transportar una réplica de uno de los monolitos de Stonehenge (The Millenium Stone Project) que terminó en un rotundo fracaso: la piedra se hundió.

Son las experiencias realizadas a partir de los problemas específicos de estos casos los que realmente darían la medida del desarrollo tecnológico de las culturas prehistóricas, de la misma manera que en nuestra época dicho desarrollo se mide por los grandes estadios olímpicos y no por los modestos polideportivos municipales, aunque las técnicas para construir ambos tipo de equipamiento estén muy relacionadas.


Mis conclusiones propias sobre este asunto son las siguientes:

  • La reconstrucción de estas técnicas ofrecerá siempre hipótesis probables, pero no hechos comprobados. El razonamiento, aun apoyándose en las evidencias arqueológicas, no es sano:  ña premisa de que “de alguna manera lo hicieron” lleva al investigador a olvidar que en su cabeza hay varios milenios de desarrollo de técnicas basadas en los mismos principios, y al final a deducir que “una de ésas” es la que busca.
  • La evaluación del trabajo a partir de la técnica reconstruida o estimada siempre arroja un número de recursos (en operarios y horas-trabajo) que apuntan una sociedad mucho más desarrollada que lo que la Arqueología ha documentado hasta la fecha. Ante lo contradictorio de esta hipótesis se produce un re-planteamiento del problema tecnológico con vistas a desarrollar o sustituir las técnicas  previamente deducidas por otras de mayor efectividad, de modo que en cada “revisitación” la capacidad tecnológica para el mismo hecho se ve ampliada. Dicho de otro modo: cuanto más se considera el asunto de las antiguas construcciones, menos torpes resultan sus autores.
  • Las experiencias de reconstrucción arqueológica son parciales, tienen objetivos parciales o limitados en relación con el problema general, y se detienen cuando ofrecen resultados asimilables, aunque sean incompletos. Dan la impresión de llenar un hueco originado por una incógnita más que de proveer de una base a una investigación.

¿Quizá algún día las autoridades culturales o los medios de entretenimiento estarán dispuestos a financiar una “gran empresa prehistórica” de ingeniería civil?  Entretanto, como decíamos antes, la mera observación de las evidencias, nos sugiere la siguiente reflexión, con el permiso de Mr. Whitby: "Aquella gente de la Edad de Piedra era mucho más ingeniosa de lo que estamos dispuestos a reconocer".


Algunas referencias

Los  mayores monolitos del mundo    

Túmulo A de Bougon

Grand Menhir de Locmariaquer

Millenium Stone project

NOVA: Secrets of Lost Empires: Stonehenge (feb. 1997) - Experiencia Withby-Richards

Técnicas constrcutivas en Stonehenge

martes, 21 de diciembre de 2010

Proezas de transporte o la construcción épica (1)

Uno de los aspectos más llamativos de la construcción pétrea es indudablemente la resolución de los problemas derivados del movimiento de grandes pesos. En las próximas entradas pasaremos revista a algunos de los casos, no necesariamente los más espectaculares, cuya ejecución supuso un considerable esfuerzo tanto de medios como de ingenio por parte de los antiguos constructores. De entrada, debemos recordar que la filosofía de este blog es reflexionar sobre la construcción antigua a partir de su realidad material. Las especulaciones acerca de los medios auxiliares empleados, cuya deducción es precisamente el método para dar la solución al “problema” de cómo fue posible realizar los monumentos con despiece gigantesco, se alejan de nuestra intención porque precisamente tales medios -casi siempre efímeros- no suelen dejar en la propia construcción una huella significativa. El ejemplo clásico es el conjunto de técnicas que permitieron el acarreo y la elevación de los bloques utilizados para erigir la Gran Pirámide de Giza, obra que ha hecho correr ríos de tinta (puede el lector curioso recorrer Internet para darse cuenta de ello) y cuyo esclarecimiento, en nuestra opinión, está todavía lejos.

 
Una imagen tópica: el tamaño de los sillares de la Gran Pirámide


A las huellas de tipo arqueológico que puedan ser perceptibles en los propios monumentos o en su entorno, hay que añadir la información aportada por las representaciones históricas sobre estos trabajos. Salvo aquéllas que están próximas a nuestra época, y forman parte de nuestras coordenadas intelectuales por cuanto son informaciones de naturaleza técnica que nos son comprensibles, las imágenes que nos ha legado el pasado sobre estos trabajos extraordinarios –más adelante insistimos en que el movimiento de los grandes monolitos siempre debe de ser considerado así- han de ser estudiadas con cautela. Así, el célebre relieve del traslado del coloso de alabastro de Djehutihetep (¿XI Dinastía? 1932-1842 a.C.) ha suscitado controversias porque las cuentas no cuadran: con un peso estimado de 60 Tm. y arrastrado sobre una narria, los 90 operarios repartidos en cuatro tiros que aparecen resultan ser insuficientes (puede calcular mentalmente el lector el reparto de carga por trabajador para comprender que la escena tal cual se representa es inverosímil). Aunque se nos ocurren argumentos a contrario. ¿Y si la representación no está a escala proporcionada y el bloque no medía 12 codos (6,25 m.) de altura? ¿Y si no es agua del Nilo lo que un operario derrama delante de los patines de la narria para reducir la fricción? Hay que pensar que no se trata de una representación técnica, sino de una imagen conmemorativa; no hay por qué rasgarse entonces las vestiduras: el espectador comprende de inmediato lo que la escena quiere transmitir, sin necesidad de descender a los detalles.

 
Reproducción de la pintura mural de la tumba de Djehutihetep (Al-Bersha, Egipto) que muestra el traslado de su estatua colosal.


La siguiente imagen, por el contrario, procede de un documento técnico: la memoria del traslado del Obelisco Vaticano, dirigida por el arquitecto Domenico Fontana en 1586. Las 327 Tm. de peso fueron desplazadas e izadas contando con 900 hombres, 75 caballos y un sinfín de sogas, tornos y poleas. No hay lugar aquí para la especulación, puesto que todos los problemas y sus soluciones están detalladamente descritos. 

 
Detalle de la erección del obelisco del Vaticano, Roma.
Domenico FONTANA, Della transportatione dell’obelisco vaticano et delle fabriche di nostro signore Papa Sixto V (Roma, 1589)



Por nuestra parte, me gustaría apuntar varios aspectos:


El movimiento de grandes bloques ha sido siempre una actividad excepcional


 
Traslado de un monolito conmemorativo de un antepasado en Bawemataloeo (Isla de Nias, Indonesia). Se necesitaron 525 personas y 3 días de trabajo.


Es evidente que el desplazamiento de esta piedra es, aparte de un esfuerzo, un acto solemne. Tampoco el viajero que recorriera la región de Carrara en 1928 esperaría encontrarse con esta imagen, donde se adivina que el traslado del monolito ha exigido la construcción de una calzada ex profeso.


 
Transporte de uno de los monolitos del Obelisco del Duce (actualmente Obelisco del Foro Italico, Roma).
  Jean-Pierre ADAM, La Construcción Romana. Materiales y técnicas, Editorial de los Oficios, León, 2002, p.30



La realización de obras extraordinarias ha sido siempre asociada a los ojos de la posteridad a capacidades igualmente extraordinarias.

En la siguiente imagen vemos una representación de la construcción de Stonehenge por parte del mago Merlín, ayudado por los gigantes, tal como la imaginó un anónimo amanuense medieval. Añádase a esto que se dice que Merlín hizo trasladar los grandes monolitos del henge inglés desde Irlanda … por los aires. 


 
Merlín ayudado por los gigantes construye Stonehenge.
Miniatura de WACE, Roman de Brut  (British Library, Ms. Egerton 3028,), s.XIV.


En este sentido, son frecuentes en la tradición europea las leyendas que asocian las grandes construcciones al Diablo (por ejemplo, el acueducto de Segovia). Así que cuando leemos que las pirámides mesoamericanas o egipcias fueron supuestamente construidas por una civilización extraterrestre estamos ante la actualización de dicha leyenda. 



La falta de experiencia previa hace que el profano tienda a considerar el problema del movimiento de una magnitud superior a la que realmente es.   

Es frecuente que los datos de partida, que siempre son el peso, las dimensiones de la carga a transportar y la distancia, disparen la imaginación del estudioso. Yo he visto a un cantero jubilado trasladar por el taller un dintel que pesaba seis veces más que él sin apenas esfuerzo. Pero claro, había un buen firme y se trataba de un hombre con experiencia. 



 La misma Gran Pirámide de la primera fotografía, pero en una zona construida con sillares mucho más pequeños.




Las técnicas utilizadas son siempre la combinación de principios muy sencillos

Principios conocidos empíricamente a pesar de que aún no se hubieran formulado teóricamente: la ley de la palanca, la disminución del rozamiento mediante la disminución de la sección del apoyo, la multiplicación de la fuerza de tiro mediante el principio de polea, el concepto de centro de gravedad o de descomposición vectorial de la fuerza aplicada.



La acumulación de experiencias previas (de nuevo el conocimiento empírico) conduce a la optimización de la técnica.

Esto contrasta con tratarse de actividades poco frecuentes, de las que probablemente en muchos casos no había suficientes experiencias anteriores. Por ello debe de pensarse que las técnicas no se aplican de manera ya desarrollada, sino a partir de sus principios y es el propio hecho, la propia proeza, la que permite ir perfeccionando sobre la marcha el método. Un ejemplo claro es la experiencia realizada en Bougon (Deux-Sèvres, Francia), a través de la interpretación arqueológica de uno de estos sistemas de transporte. En agosto de 1979 se intentó desplazar un bloque de caliza de 32 Tm mediante los recursos que se supone debieron de poseer los constructores de los túmulos de Bougon (IV milenio a.C.). La operación fue dirigida por el arqueólogo Jean-Pierre Mohen. Necesitó el esfuerzo de 200 personas accionando tres grandes palancas (troncos de madera) y haciendo desplazar el bloque sobre raíles de madera paralelos.



 
Instantánea de la experiencia de Bougon en 1979. 
Collin RENFREW, Paul BAHN
Arqueología. Teorías, Métodos y Práctica, Akal, Madrid, 1993, p.287


En junio de 1997 el también arqueólogo Bertrand Poissonnier repitió la experiencia, mejorando la técnica al hacer apoyar la piedra en rodillos sobre raíles e insertando unas manivelas en los mismos. Necesitó sólo 20 personas.


 
La misma piedra de Bougon, vuelta a mover en 1997. 


Puede inferirse que en el pasado se dieron situaciones semejantes de mejora del método a la luz de los resultados de experiencias similares anteriores. En otros casos el perfeccionamiento del método se origina a partir de ámbitos diferentes al de la ingeniería de la construcción. Se dice que cuando la erección del Obelisco Vaticano en la Plaza de San Pedro se obligó a los asistentes a un silencio total bajo severa pena, imaginamos que tanto para facilitar la coordinación de las órdenes a los equipos como para dotar de una grave solemnidad al momento. La cosa no iba bien, las sogas amenazaban con romperse. Entonces, un marino de San Remo gritó: Aqua alle funi!  (“¡Mojad las cuerdas!”). Las cuerdas empapadas aumentaron su resistencia y su fricción al girar en las poleas se redujo. Y de esta manera se consiguió levantar la mole. Ignoramos lo que de histórico hay en esta anécdota, pero lo cierto es que el humedecimiento de las cuerdas acabó siendo prescriptivo para el traslado de grandes cargas, como puede comprobarse en la siguiente ilustración.


 

 
Acarreo de una estatua sobre una narria. Obsérvese el operario que humedece la cuerda
Encyclopedie, s.v. ‘Sculpture’, tome 22, planche 25.